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Archive for November, 2012

Una Mayor ampliación de la metáfora del odre

ImageVamos a embarcarnos en una mayor investigación del odre viejo. Tenemos mucho que aprender juntos aquellos de nosotros que queremos ver un movimiento viral de Jesús en nuestra vida. Creo que un repaso de la perspectiva de Jesús acerca de los odres sería útil.

Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el  vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor

                                                                                                          Lucas 5:37-39

El vino nuevo de un movimiento viral de Jesús no puede contenerse en el odre viejo de la cristiandad occidental. De hecho, intentar hacerlo sería destruir el odre viejo. El vino nuevo se perdería. Sería destructivo sin ser constructivo.

Además, quienes están acostumbrados al odre viejo aman el odre viejo. Muchos en la cristiandad conocen a Cristo. Si aman el odre viejo y son verdaderamente alimentados espiritualmente por él, entonces dejemos que continúen, sin embargo, Jesús está haciendo vino nuevo en nuestro tiempo. Algunos de nosotros estamos escuchando su llamado a vivir un odre nuevo.

Deberíamos observar que Jesús nunca menosprecia el vino viejo en el odre viejo. Lo único que dice es que los odres viejos no pueden mantener el vino nuevo. Tan sólo derramar vino nuevo en la piel vieja hace estallar el odre mismo, perdiendo el vino nuevo. La cristiandad es el odre viejo, no el cristianismo o la Iglesia. Es el conjunto de tradiciones no Bíblicas que constituyen la cristiandad lo que hace que no sea adecuado como odre para el vino nuevo que Jesús está derra


La Iglesia Primitiva, el primer movimiento Viral de Jesús

ImageEs una pegajosa noche de verano en la calzada romana que conduce a la salida de Nicomedia, en agosto del año 112 d.C. El olor a carne descompuesta está en el aire como un putrefacto miasma. Cuerpos muertos hinchados yacen al lado de los bebés recién nacidos, ruidosos y no queridos, que han quedado “expuestos”; es decir, abandonados para que mueran entre los ya muertos. En medio de esa vil escena, pueden oírse los sonidos de una excavación. Los cristianos han llegado para enterrar a los muertos con dignidad. Han llegado para recoger a los bebés expuestos; para darles un hogar donde puedan ser amados y cuidados. Los romanos enterraban a sus muertos o los cremaban; es decir, a quien podían permitirse tales lujos. Sin embargo, los pobres, los esclavos, los criminales y los extranjeros con frecuencia se dejaban simplemente al lado de las calzadas fuera de la ciudad. De la misma manera, los bebés no deseados, en su mayoría niñas, se abandonaban entre los cadáveres en descomposición.

En ese horrendo y vil escenario social fue cuando los cristianos se ganaros su primer reconocimiento, no como una nueva religión sino como una sociedad que enterraba. Esa desconcertante tendencia de los cristianos de dar amor y dignidad a los muertos y a los no queridos fue lo que primero les causó una pequeña pizca de aceptación. Desde la perspectiva de un incrédulo, la mayoría de los cristianos podrían haber sido pobres, no tener educación formal y ser decididamente extraños, pero al menos retiraban los hinchados cuerpos de los sumideros y los ríos. Al menos ellos enterraban a los criminales, los esclavos y los pobres a los que dejaban al lado de los caminos que salían de las ciudades del imperio. Al menos ellos limpiaban la suciedad. Ese hábito de llevar a casa a bebés vivos, amarles, cuidarles como si fueses propios; bueno, eso era simplemente extraño. Sin embargo uno tiene que mostrar respeto aunque sea a regañadientes a cualquier grupo que limpie la putrefacción. No es que cualquiera en sus cabales haría tal cosa, pero aun así, en general, era bueno para la sociedad.